El jardín que espera
Guardas el eco de su risa en tus manos, como quien intenta retener el agua de un río que hace tiempo decidió correr hacia otro mar. La recuerdas, lo sé, con la intensidad de los mapas antiguos, donde ella era el norte y el único destino. Pero la realidad golpea con un silencio limpio: hoy sus pasos caminan en una vereda ajena, y el amor de tu vida no puede ser aquel que eligió florecer en un jardín que no es el tuyo. Es tiempo de suponer que no hay un solo invierno, de abrir los puños y dejar que el viento se lleve las promesas que caducaron en el ayer. No te cerraste al mundo, solo te quedaste mirando la puerta equivocada. Mírate bien: tu capacidad de amar sigue intacta. El pecho que hoy te duele es el mismo que mañana recibirá un amor nuevo, fresco, que se quede. Porque la vida no se termina en un solo nombre, amigo; el universo es inmenso y hay mil maneras de volver a empezar. ¿Te ha gustado este artículo? Recuerda darle al botón de seguir en la bandeja para recibir notificaciones ...