Tiempos de antaño
En esos días, se respetaban las tradiciones y no había vergüenza en ser uno mismo; no había pena por nada, la familia se valoraba, a pesar de las dificultades o disputas. La vida estaba impregnada de costumbres, relatos que se transmitían de generación en generación, y enseñanzas compartidas al calor de una fogata o en caminos polvorientos. Eran historias que inspiraban y unían a las personas.
Existía una belleza en lo simple: el aroma de una torta recién horneada, la comida casera de la abuela, pasear por el bosque, alimentar a un animal, contemplar un amanecer, las fiestas con música grabada de la radio, y las conversaciones sin pantallas. Aunque había desafíos, por supuesto, se aprendía de la adversidad y la creatividad surgía para resolver cualquier problema.
Quiero regresar a ese tiempo en el que la infancia era la mejor etapa de un niño, cuando se atesoraba estar en el exterior y sus alrededores, en vez de quedarse en casa viendo televisión. La biblioteca era un lugar importante para leer o hacer tareas, además se disfrutaba ir al colegio y compartir con los compañeros. Sacar buenas notas era fundamental, ya que el temor a los castigos motivaba, pero siempre salías ileso porque eras más astuto. Tantas cosas que se valoraban en aquel entonces y que hoy parecen ser menospreciadas o han perdido su significado, para luego caer en el olvido.
Si bien cada "antaño" fue un paso hacia el presente, con cambios que trajeron progreso, otros se llevaron cosas valiosas, ahora esos momentos se sienten como un susurro de nostalgia, un eco de historias que se desvanecen en el aire, dejando un sabor a memoria. Un pasado que muchos anhelan, pues con el tiempo se pierden las mejores partes.

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