Y llegaste tú

Desde el momento en que te conocí y nos miramos, supe que todo sería diferente, que las mañanas ya no serían la melancolía de mi mente sino tu esplendor y que cuando te pensara solo habría inviernos más calurosos y sonrisas bobaliconas.

Supe que sería libre como el arrebol de tus atardeceres y te meterías en mi piel como en mi corazón sin ni siquiera pedirlo. Llegaste con esos labios y dañaste la poca cordura que tenía, porque sabía que me harías adicta a ellos y a ti; al igual que con tu elocuencia endulzarías todos mis sentidos como un hermoso hechizo.

Llegaste para quitarme el insomnio que me consumía y hacerme soñar hasta no querer volver a la realidad. Porque sabía que con tan solo mirarte, mi pulso se aceleraría hasta lo inefable y no tendría más miedo que el de solo perderte. Entonces supe que cuando nuestras manos se tocaran ya no habría lógica, ni soledad, solo calma.

Y es que cuando menos me lo esperaba llegaste tú para hacerme sentir lo que nadie y transformar mi vida en algo extraordinario, caótica y feliz.



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