El peso del silencio
Es triste darse cuenta de que ya no hay nadie que te defienda y esté a tu lado, por lo que te toca callar y tragar todas esas cosas que quisieras expresar para no empeorar las cosas. Quisieras llorar, pero te contienes; no debe ver lo débil que eres. Reprimes cualquier sentimiento, consciente de que no le importan.
Cuando solo escuchas susurros y ves su rostro lleno de ira, te preguntas qué es lo que tanto le molesta o si realmente te quiere. Su mirada es tan profunda que parece atravesar tu ser y llegar hasta tu alma. Apartas la vista, temiendo que esos ojos oscuros te juzguen, porque a veces les temes.
Entonces, cuando solo reina el silencio y ha dejado de gritar, se va, dejándote sola. Agachas la cabeza y te encierras en ti misma, debatiéndote sobre qué hacer, pero sabes que no eres culpable. Sin embargo, eso no mejora tu estado; tu mente divaga y se aferra a ese recuerdo hermoso en que todo era diferente: feliz, sin preocupaciones, con ella siempre a tu lado y él nunca gritando. Pero ya no queda nada, la mayoría de las cosas cambiaron tan rápido.
No comprendes por qué él actúa así, aunque siempre intentas mostrarle cuánto lo amas, que te sientes orgullosa de él. Solo pides un poco de su tiempo, que valore lo que haces y esté contigo. Ella ya no está, y él es la única persona a la que puedes aferrarte; no sabes qué harías si también lo perdieras. Solo anhelas más amor, sin importar la forma; una simple sonrisa te bastaría, pero no sabes cómo decírselo y temes que te regañe otra vez.
Es increíble que perdamos más quedándonos callados que hablando con la verdad, solo por miedo a enfrentar consecuencias inciertas. Pero no todos somos fuertes, aunque lo aparentemos. Aceptar que ser cobarde es también una opción. Sabes que abrir tu corazón a alguien no es fácil, pero a veces vale la pena intentarlo, aun si en el proceso salimos heridos. Sin embargo, al final, es solo una idea en tu mente, porque no actúas; te vas a tu habitación a llorar como una niña tonta y abrazas lo primero que encuentras para aliviar el dolor. Quisieras hablar con alguien, pero lo desechas; no quieres llamar la atención. Entonces, abres tu computadora y escribes con fuerza aquellas cosas que te atormentan, deseando liberar tu carga hasta que te duelen los dedos y ya no hay lágrimas.

%20(1).png)
Comentarios
Publicar un comentario