Dulce Confesión

Desde hace poco, mis ojos han comenzado un viaje hacia usted, y su primera parada fue en su mirada, donde quisieron detenerse. Anhelo recordarla por siempre, con su singular forma de ser, contemplarla y sumergirme en lo profundo de su pupila, hallando ahí la libertad de cualquier pensamiento, disfrutando únicamente de la paz que me brinda su mirada.

Pero este viaje no termina aquí; continúa hacia su figura, adornada de colores y ternura, acompañada de una sonrisa encantadora que ilumina como un farol al navegante... ¡Sí! Esa sonrisa que fascina, que me enamora y me confunde; lo sé, suena contradictorio, pero no encuentro otra manera de describirlo, simplemente así es como me hace sentir.

Su aroma me transporta a un lugar indefinido, uno que no sé cómo describir; es extraño no poder definir algo que se siente tan bien.

No sé cómo continuar; solo quiero ser sincero y expresar que me gusta, y me gusta mucho. Quiero conocerla, saber quién está detrás de todo ese conjunto de cosas que me enloquecen.

Sé que los halagos pueden no interesarle, pero para mí es imposible no hacerlo.

Disfruto cada sonrisa compartida, cada momento, cada palabra y cada “que tenga un buen día”, porque no se imagina la felicidad que me generan esas palabras. Es realmente difícil expresar todo esto, ya que me siento torpe cuando la veo o la pienso; no sé por qué sueño cosas con usted, solo sé que se merece lo mejor. Reconozco que crear algo juntos podría ser complicado, pero ese es mi sueño.

 



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