Detrás de una sonrisa

Detrás de cada sonrisa se oculta un dolor, detrás de cada serenidad hay una inquietud, pero nos volvimos maestros del engaño y lo disfrazamos. Somos buenos fingiendo que todo está bien, que tenemos todo controlado. Así que las apariencias suelen engañar; el que ríe puede ser el más triste y el callado puede ser el más feliz.

Las expresiones faciales no siempre reflejan lo que realmente sentimos. A menudo le mostramos al mundo otro rostro, una versión diferente de nosotros mismos para evitar preguntas o porque simplemente no tenemos la confianza suficiente para compartir nuestras experiencias y emociones. Ocultamos nuestros sentimientos como sombras en la noche, por miedo al juicio ajeno, la falta de comprensión o tal vez por no mostrar vulnerabilidad.

Sin embargo, todos tenemos un infierno interno, tormentas que hacen diluvio en el corazón, que nos afectan, aunque lo manejemos en silencio, pues la vida es dura y siempre hay algo que nos angustia, ya que somos seres sintientes, pero ante la sociedad queremos ser fuertes, proyectar fuerza.

Quizás encubrimos la tristeza con risas para no ser heridos de nuevo, o para no alterar el ritmo de los demás, pero en ese escondite, a veces nos perdemos, sin saber el alivio que es soltar, porque mostrarse frágil no es debilidad, es un acto de valor que invita a conectar, y al desnudar lo que sentimos, encontramos quienes también sufren, y sanamos.



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